– Libros y escritos

Muestra de los Libros y Escritos de Hector Lucci

CARLOS GARDEL
y los Autores de sus canciones

Para estimar las dimensiones de una labor como la realizada por el autor de este libro de biografías sintéticas, que se relaciona con la trayectoria artística de los grandes autores y compositores de la música popular, que conforman el valioso repertorio de Carlos Gardel, es indispensable pensar que se han dedicado muchas horas de paciencia y de constancia, robándole tiempo al tiempo, buceando durante años por los complicados laberintos de los cenáculos bohemios, consultando libros, leyendo reportajes. y crónicas escritas en diarios y revistas y toda vez que fuera propicia la oportunidad para un encuentro con los mismos autores que hicieron posible, con sus obras perdurables, condensar lo que podemos llamar, lo vernáculo del cancionero que, como una antorcha en el tiempo, se ilumina armoniosamente en la voz de Carlos Gardel, el mito, porque no tiene muerte, como las canciones que él creó para la historia.

Entre esa pléyade estimable de valores autorales que acercaron sus obras a Gardel, con cuyo valioso material hizo posible su consagración, tenemos no sólo argentinos y uruguayos, sino también autores extranjeros cuyos motivos engalanan el repertorio del creador de tantos éxitos clásicos hoy, que utiliza en gran mayoría la nueva generación de cantores que actualmente proliferan en todos los medios de difusión del mundo. Si bien el autor de estas biografías no ha podido localizar la procedencia y destino de algunos inspirados poetas y músicos, quede el justo elogio y reconocimiento a quienes dieron sus obras para que Carlos Gardel las hiciera perpetuas por los caminos del tiempo.

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El tango en la sociedad porteña

Hugo Lamas – Enrique Binda

Hay libros y libros. “El tango en la sociedad porteña” es uno de los que escapan en el tema tango a cualquier encasillamiento. Se ocupan los autores (que son conocidos coleccionistas de partituras, discos y confeccionadores de discografías). Hugo Lamas y Enrique Binda, de una etapa de la historia del género donde no existe bibliografía, o sea de la época de 1880 a 1920. Lo primero que surge es una labor historiográfica donde ponen al alcance del lector una documentación verificable y contemporánea a los sucesos que narra.

Hallaron registros hasta ahora desconocidos, como son los lugares donde bailaban y cuántos eran ellos -los autores han tratado de cuantificar el fenómeno en todos los aspectos- cuáles eran los conjuntos que interpretaban tangos, cuándo aparece el tango en el disco y cuáles son (en la asombrosa época de 1902). Cuántos discos y partituras de tangos se grabaron por épocas, etc.

La documentación expuesta dice del baile del tango en los inicios del siglo, coreografías olvidadas como el taconeo durante la danza, escuelas barriales y hasta provinciales con coreografia propia, quiénes eran o a qué estrato social pertenecían los asistentes, qué consumían en el bar, y sucesión de detalles que el interesado en la historia del género podrá formarse idea acabada del multifacético fenómeno llamado tango a poco de nacer.

Es en lo anterior donde puede estallar la polémica: Surgen registros del tango danzado en documentos inimaginables, de precursores y creadores que la memoria popular no ha tenido la constancia de preservar y que sólo el historiador atento pudo organizar sus pasos, del hallarle importancia.

Sin embargo la dirección del discurso es otro, y no lo ocultan: El tango es una manifestación cultural y por lo tanto pública, lo cual va a desembocar en probar que haya tenido alguna vez una etapa prohibida. Se valen de un pormenorizado análisis documental sobre academias, prostíbulos, piringundines, bailes públicos, teatros, cafés, etc., en cinematográfica sucesión de textos contemporáneos y de situaciones, concurrentes, de polémicas registradas, entonces, en teorías de la época, de sus prejuicios, en pintura de personajes, etc. etc. que son el entorno del tango.

En la sucesión de pesquisas nos enteran que en 1903 los diaros publicaban avisos de la afamada casa Breyer de tangos; de ser aristócratas algunos de sus autores, tales Miguel Torquinst o Elolsa D’Ervil de Silva, de quienes trazan rasgos biográficos documentales. No faltan estrellas de época que han trascendido sus nombres, tal el caso de Linda Thelma, sobre la cual por ejemplo, no hay biografías ciertas hasta ésta; un Gardel de la primera época tampoco ha de estar ausente. Han de terciar en la controversia habida si “Mi noche triste” fue el primer tango argumental, si es plagio musical y si fue su aparición una bisagra entre un antes y un después, entre los tantos asuntos no menos inquietantes.

HECTOR L. LUCCI